NO PASES PALABRA

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martes, 8 de julio de 2014

No sé si se habrán parado alguna vez a pensarlo, pero hay ciertos verbos que permiten realizar acciones tan solo con decirlos. Mira bien este ejemplo:
(1) [...] te prometo que en el futuro vigilaré mucho mi comportamiento 
La expresión anterior no describe el mundo, no nos dice nada sobre ningún estado de cosas extralingüístico, sino que realiza la acción de prometer.
Este tipo de verbos se denomina verbos performativos y fue el filósofo J.L. Austin quien llamó la atención sobre ellos en su libro Cómo hacer cosas con palabras.
En realidad, más que de verbos performativos debemos hablar de expresiones performativas, puesto que los verbos por sí solos carecen de esta fuerza realizativa. No la adquieren hasta que quedan insertos en una expresión que ha de cumplir ciertas condiciones, entre las que se cuenta la de enunciarse en presente. El ejemplo anterior, si lo reformulamos en pretérito, tan solo describe un hecho sucedido en el pasado:
(2) Te prometí que en el futuro vigilaría mucho mi comportamiento
Las expresiones performativas han de estar en primera persona, como en (1), o ser impersonales como en (3):
(3) [...] queda usted absuelto de la acusación del robo del vehículo [...] [Yoriento, acceso: 3o-12-2009]
Estas expresiones son muy numerosas y nos servimos de ellas constantemente. Por ejemplo, ¿pasa algún día sin que pronuncies o escribas frases de este tipo?: Te prometo que…, Te advierto que…, Le doy las gracias por…, Admito que…
Algunas de ellas realizan actos socialmente institucionalizados. Todos sabemos la trascendencia que tenía en la sociedad tradicional el pronunciar las siguientes palabras:
(4) [...] te desafío a todo trance de muerte [Miguel de Cervantes: La española inglesa]
Algunos de estos actos están incluso codificados legalmente, como este:
(5) DON FIDEL.- Yo os declaro marido y mujer [Manuel Martínez Mediero: Los Medieros]
El acto anterior únicamente se consuma cuando pronuncia esa fórmula quien está investido de autoridad para ello y solo si lo hace en el contexto ceremonial adecuado. O sea, que si yo les digo a dos amigos que los declaro marido y mujer, se quedan como estaban. Y si un cura en estado de enajenación mental se echa a la calle a soltarle la dichosa formulita a toda pareja que se le ponga por medio, tampoco los casa fulminantemente.
Lo anterior viene bien para aclarar otra de las características de las expresiones performativas: no son ni verdaderas ni falsas, puesto que no describen nada. Simplemente pueden llegar a buen puerto o no. Los intentos de casar a traición del cura chiflado fracasarían, mientras que sí tendría éxito un juez en sus cabales en el contexto de una boda debidamente concertada.
Conviene explicar por último que en la lingüística española se ha asentado el anglicismoperformativo, que no es sino una castellanización muy superficial de performative. Realizativo hubiera sido una traducción más certera (verbos realizativos, expresiones realizativas); pero por el motivo que sea no llegó a cuajar.

Abdicar

Palabra que todos conocemos, pero no sabemos como utilizarla.
El verbo abdicar tiene dos sentidos y cada uno de ellos da lugar a construcciones diferentes.
1. En su sentido propio tan solo unos pocos pueden conjugarlo en primera persona. Para poder decir con propiedad yo abdico hay que ser rey, emperador o similar. En este uso es un verbo transitivo. Los sustantivos que puede tomar como complementos son muy limitados. Normalmente es la corona, a veces el trono; en cualquier caso, ese complemento se referirá obligatoriamente a la dignidad a la que se renuncia. Lo mejor para entender todo esto es que veamos un ejemplo:
   (1) Su majestad el rey don Juan Carlos I de Borbón abdica la corona de España [Ley Orgánica de Abdicación, 18-6-2014]. 
También podemos expresar a quién se le traspasa la dignidad a la que se renuncia. Para esto se utiliza un complemento que va introducido por la preposición en:
   (2) El rey Juan Carlos tira la toalla y abdica la corona en su hijo con una fortuna personal que alcanzaría los 1.600 millones de euros [Economía Digital (España), 2-6-2014]. 
El complemento en cuestión también puede ir introducido con la expresión en favor de.
   (3) Juan Carlos I abdica la corona en favor de su hijo Felipe [El Informador (México), 26-6-2014].
Este verbo, como ocurre muchas veces con los verbos transitivos, admite también un uso absoluto:
   (4) El rey abdica [Titular de El Mundo (España), 3-6-2014].
Esto no tiene mayor misterio. Es lo mismo que ocurre cuando decimos Luisito come empanadillas o Luisito come. 
2. Además de este uso propio existe otro figurado en el que significa ‘renegar de algo, hacer dejación de algo’:
   (5) El PSOE no puede abdicar de su memoria republicana [La Vanguardia (España), 18-6-2014]. 
Esta versión de abdicar es portadora de connotaciones francamente negativas. Nos encontramos en este caso con un verbo intransitivo. El complemento va introducido por la preposición de, tal como podemos observar en el ejemplo (5). 
Siempre es un error utilizar la preposición a con el verbo abdicar. No debemos formar construcciones como abdicar a. Podemos encontrar ocasionalmente el sentido propio construido como abdicar de (abdicar de la corona). Conviene advertir al respecto que se trata de una forma carente de prestigio y que muchos hablantes la rechazarán directamente como incorrecta. Evítala.