NO PASES PALABRA

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martes, 8 de julio de 2014

Lealtad...deslealtad

La deslealtad lingüística es un fenómeno que contribuye a la decadencia e incluso desaparición de las lenguas. Es lo que ocurre cuando los hablantes reniegan de su propio idioma.

¿Qué puede empujar a una persona a volver la espalda a las palabras con las que la han amamantado, con las que ha declarado amor u odio, con las que ha enterrado a sus muertos? Muchas cosas, pero sobre todo que esa lengua y esa cultura se vean como una trampa, una cárcel de la que hay que escapar.

La deslealtad puede sobrevenir cuando coexisten dos lenguas con diferente estatus. Esto es lo que se conoce como diglosia. Si una de ellas está asociada con el poder, el dinero, la cultura, el prestigio, se convierte en una competidora temible.

Por ejemplo, si hablar como yo va a impedir a mis hijos prosperar en la vida, como padre no tardaré mucho en apartarlos del habla de nuestros ancestros. A partir de ese momento, la lengua está herida de muerte. Es una situación típica de las lenguas minoritarias o minorizadas. Les ha ocurrido y ocurre a las de los nativos de América. En España, sin ir más lejos, esta fue históricamente la situación del gallego.

Aquí vale el viejo refrán de “dime con quién andas y te diré quién eres”. Si como lengua te paseas en compañía de ignorantes, feos y desheredados, todo el mundo saldrá huyendo en cuanto te vea y pronto te quedarás sola. Si te dejas ver en casa de ministros, banqueros, jueces y escritores famosos, te sobrarán admiradores; serás cortejada y deseada.

Sin embargo, no hay nada determinista en este tipo de procesos. Existe también la lealtad lingüística. Factores culturales, religiosos, económicos (sobre todo factores identitarios) pueden contrarrestar la deserción.

La deslealtad tiende a reducir la diversidad lingüística del mundo; la lealtad, en cambio, contribuye a mantenerla o incluso aumentarla.

Abdicar

Palabra que todos conocemos, pero no sabemos como utilizarla.
El verbo abdicar tiene dos sentidos y cada uno de ellos da lugar a construcciones diferentes.
1. En su sentido propio tan solo unos pocos pueden conjugarlo en primera persona. Para poder decir con propiedad yo abdico hay que ser rey, emperador o similar. En este uso es un verbo transitivo. Los sustantivos que puede tomar como complementos son muy limitados. Normalmente es la corona, a veces el trono; en cualquier caso, ese complemento se referirá obligatoriamente a la dignidad a la que se renuncia. Lo mejor para entender todo esto es que veamos un ejemplo:
   (1) Su majestad el rey don Juan Carlos I de Borbón abdica la corona de España [Ley Orgánica de Abdicación, 18-6-2014]. 
También podemos expresar a quién se le traspasa la dignidad a la que se renuncia. Para esto se utiliza un complemento que va introducido por la preposición en:
   (2) El rey Juan Carlos tira la toalla y abdica la corona en su hijo con una fortuna personal que alcanzaría los 1.600 millones de euros [Economía Digital (España), 2-6-2014]. 
El complemento en cuestión también puede ir introducido con la expresión en favor de.
   (3) Juan Carlos I abdica la corona en favor de su hijo Felipe [El Informador (México), 26-6-2014].
Este verbo, como ocurre muchas veces con los verbos transitivos, admite también un uso absoluto:
   (4) El rey abdica [Titular de El Mundo (España), 3-6-2014].
Esto no tiene mayor misterio. Es lo mismo que ocurre cuando decimos Luisito come empanadillas o Luisito come. 
2. Además de este uso propio existe otro figurado en el que significa ‘renegar de algo, hacer dejación de algo’:
   (5) El PSOE no puede abdicar de su memoria republicana [La Vanguardia (España), 18-6-2014]. 
Esta versión de abdicar es portadora de connotaciones francamente negativas. Nos encontramos en este caso con un verbo intransitivo. El complemento va introducido por la preposición de, tal como podemos observar en el ejemplo (5). 
Siempre es un error utilizar la preposición a con el verbo abdicar. No debemos formar construcciones como abdicar a. Podemos encontrar ocasionalmente el sentido propio construido como abdicar de (abdicar de la corona). Conviene advertir al respecto que se trata de una forma carente de prestigio y que muchos hablantes la rechazarán directamente como incorrecta. Evítala.

lunes, 7 de julio de 2014

El poder de la lengua.

A continuación se muestra un vídeo para que reflexionemos, en él se observa claramente cómo el lenguaje, con una simple palabra cargada de connotaciones negativas que llegue a nosotros, puede cambiar nuestra visión del mundo que nos rodea en ese mismo instante.

¡No os lo perdáis!